La movilidad del lenguaje y la práctica textual contemporánea | ELOÍSA HERNÁNDEZ VIRAMONTES

September 27, 2013

 

El lenguaje, al igual que la historia que se modifica y se reescribe, se encuentra en una movilidad constante provocada por el dinamismo de nuestro contexto socio-político. El tiempo, el cambio de generaciones y el desplazamiento de grupos étnicos hacia otras geografías, así como el préstamo de palabras entre culturas, llevan a la inevitable transformación del lenguaje.

La frecuente presencia del signo lingüístico en las prácticas artísticas contemporáneas hace visible los intereses que artistas de diversas generaciones y nacionalidades comparten respecto al lenguaje y a los modos de comunicación. La cultura visual hace que la palabra escrita devenga en uno de los signos más representativos a causa de la sensibilidad de la época, que se define por un exceso comunicativo a través de la textualidad.

De esta manera, en el quehacer actual se reflejan las preocupaciones en torno al uso y movilidad del lenguaje. El presente texto busca reflexionar por un lado, sobre los procesos de traducción a partir de la obra del artista mexicano Emilio Chapela; y por el otro lado, cuestionar la homogeneización del idioma en la práctica textual en el arte contemporáneo.

La producción de Emilio Chapela, quien reside en Alemania, se presenta formalmente como un homenaje a Joseph Kosuth, On Kawara o Bruce Nauman. Chapela trabaja sus propuestas textuales como ejercicios de interpretación que problematizan al lenguaje como medio de comunicación. Motivado por el punto en donde la comunicación humana se trunca, realiza parte de su obra a través de buscadores y traductores de la web. Sus piezas textuales por lo general plantean la confusión y la ambigüedad creadas en el lenguaje a partir de esta tecnología.

En Language, de 2007, el artista extrajo de wikipedia.com la definición de la palabra “language”, la cual tradujo consecutivamente a diversos idiomas (portugués, alemán, japonés, español, y holandés) hasta regresar al inglés. La frase original con la que comenzó la traducción es: “A language is a system to facilitate communication among higher animals and/or computers, but it’s not limited to communication”. Después de las consecutivas traducciones la frase final quedó de esta manera: “By language the communication to guarantee is which is higher used by the system between by animal and one is more computer, but that one no communication will be which not limited”.

Language from Emilio Chapela on Vimeo.

Emilio Chapela, Language, 2007.

 

Por medio de estos procesos, Chapela explora con definiciones en otros idiomas propiciando un diálogo intercultural que termina por deconstruir al propio lenguaje, evidenciando las contradicciones y alteraciones que sufre el significado de las palabras al ser sometido a procedimientos de traducción en la web, debido a la falta de un contexto.

En torno a la traducción de expresiones lingüísticas, George Steiner considera que “entre los códigos verbales, por mucho que disten en construcción y en pautas sintácticas, existe siempre la posibilidad de la equivalencia; aunque la traducción efectiva sólo consiga resultados rudimentarios y aproximativos”.[1]Sin embargo, durante el procedimiento al que Chapela somete al texto, el significado va desvirtuándose hasta terminar en una “definición” inverosímil, sin sentido, distanciado de su referente original.

Esta pieza no sólo es un cuestionamiento sobre la relación entre el ser humano y la tecnología, o la movilidad del lenguaje de un idioma a otro carente de contexto provocado por los medios empleados en exceso en la actualidad; sino sobre todo, es una reflexión crítica que hace alusión al lenguaje como parte de un contexto dinámico y, al no tenerse las referencias espaciales y experiencias subjetivas geográficas, no puede llevarse a cabo su finalidad, que es comunicar.

Lo mismo sucede en Consistency, de 2007, en donde Chapela trasladó dicha palabra consecutivamente a diversos idiomas resultando “combination”; o en las piezas de Refranes, Proverbs, Probervios que realizó durante 2009, en donde tradujo a diferentes idiomas trabalenguas y refranes específicos de cada cultura, derivando en la pérdida del verdadero significado de las frases al ser descontextualizadas, provocando malentendidos y expresiones absurdas.

Imagen 1. Consistency

Emilio Chapela, Consistency, 2007. Inyección de tinta sobre papel, 200 x 30 cm.

 

En el mismo año también realizó un ejercicio de correspondencia con el curador Tobias Ostrander y el artista Nikolj Recke, en donde Chapela escribía en español y traducía al inglés y al danés respectivamente a través de algún traductor en la web, y aquéllos respondían en inglés haciendo la traducción al español. Si bien Walter Benjamin consideraba que “la traducción sirve para poner de relieve la íntima relación que guardan los idiomas entre sí”,[2] Chapela muestra en estos ejemplos que cuando no se tiene en cuenta el contexto del lenguaje y su movilidad, no existe relación alguna y los idiomas, en vez de vincularse, sufren un mayor distanciamiento.

En la web existen traductores que suponen ser un apoyo para la comprensión de la información que la red proporciona, pero aún así, las traducciones de frases y textos completos no siempre son confiables; la máquina no es capaz de distinguir las incongruencias que genera; y si la traducción implica cierta subversión per se, en dicho proceso electrónico el significado es violentado en su esencia última, desplazando el sentido de aquello que busca expresar. A pesar de la mejor eficiencia de los traductores, en ocasiones éstos miran al lenguaje con frialdad, cuando éste es cálido; las palabras se estructuran diferente en cada idioma y son una concatenación de significados que vislumbran la idea, no son sólo vocablos uno al lado del otro sin vínculo alguno. Cada palabra infiere en el significado de la otra; por lo tanto, “traducir […] no es meramente trasladar palabras de un idioma a otro, sino interpretarlas.”[3]

Chapela interroga estos mecanismos poniéndolos a prueba, para tener como resultado palabras aisladas dentro de una misma oración que finalmente rozan con la comicidad. De este modo, su práctica textual se inserta en la problemática del lenguaje, en donde se evidencia que “la fidelidad de la traducción de cada palabra aislada nunca puede reflejar por completo el sentido que tiene el original [y por lo tanto] la conservación del sentido no requiere forzosamente la traducción literal.”[4]

La movilidad del lenguaje vista desde la producción de Chapela, se presenta como un obstáculo, un lenguaje con límites. Lo cual habla de la propia movilidad del pensamiento que se necesita para la traducción, en donde se pueda interpretar según la geografía y el entorno cultural del texto original, en donde se busque el lugar de la otredad, y se procuren borrar los límites del lenguaje que son los límites del mundo.[5]

En algunas ocasiones, en los intentos por quebrantar estos límites se termina, paradójicamente, desplazando al propio lenguaje. Tal es el caso de las prácticas contemporáneas en donde es evidente la movilidad lingüística respecto al idioma en que se presentan las piezas. En la actualidad las obras textuales se abordan desde diferentes idiomas, aunque con una clara tendencia hacia el inglés, lo cual nos lleva a pensar que la globalización y el mercado del arte internacional tienen un factor decisivo en las decisiones formales. Por lo general, la lengua materna del artista es desplazada por el inglés en las obras que emplean al lenguaje escrito, por ejemplo la producción de los mexicanos Chapela y Stefan Brüggemann. La cultura contemporánea propicia estos desplazamientos paulatinos, lo mismo que las prácticas nomádicas y la estancia de artistas en el extranjero.

El empleo frecuente del inglés además conlleva tácitamente una crítica hacia la fuerte presencia que este idioma ha adquirido mundialmente desde décadas atrás, y cómo en diferentes geografías el lenguaje se ve afectado con palabras extranjerizantes a través de las nuevas tecnologías, modificándose y surgiendo nuevos términos lingüísticos. Esto habla también de cómo el lenguaje y la propia disciplina de la traducción se vinculan con las relaciones de poder y la homogeneización de la cultura.

En 1912, Edward Sapir decía que “casi es posible llegar a precisar el papel que los diversos pueblos han desempeñado en el desarrollo y la difusión de ideas culturales por el grado en que su vocabulario se ha infiltrado en el de otros pueblos”,[6] lo que se observa en el interés de los artistas por insertarse en el cada vez más creciente mercado del arte, ya que el inglés se ha convertido en el idioma oficial del círculo artístico internacional. Así, “la propiedad de desplazamiento [del lenguaje] es motivada por requisitos de interpretación que son impuestos externamente…”,[7] que en este caso se vincula con el aún predominante mainstream occidental.

El empleo de un mismo idioma en las prácticas textuales contemporáneas supone un distanciamiento con el espectador que no conoce el idioma; pues previamente a la conceptualización del arte, el factor visual era preferentemente un lenguaje universal; sin embargo, el quehacer actual que incluye texto podría ser considerado abstracto en otras partes del mundo en donde no se hable inglés; en donde existe la incapacidad de la lectura, las letras se convierten en signos que no significan nada. Cabe recordar que el lenguaje es aprendido, lo cual parece una obviedad, pero el tener en cuenta que es un factor cultural ayuda a entender que también es una visión del mundo, que cada palabra puede ser reconstruida y que el signo lingüístico sólo existe como tal cuando es posible reconocerlo significativamente.

Imagen 2. Misunderstanding

Stefan Brüggemann, (Misunderstanding), 2005. Neón blanco.

 

                  El enfrentarse en la actualidad a una lengua extranjera es sinónimo de interpretar, traducir, hacer una lectura a partir de un contexto diferente, lo cual sin el diálogo intercultural propicio es inevitable hacer una lectura errónea, o en donde tal vez, la forma se desplaza dando lugar a una nueva, y a su reinterpretación. Por lo anterior, se entiende que hay fronteras entre las lenguas, y la oscilación de un idioma a otro deja un intersticio en donde no todo es posible decirse, pues hay elementos que quedan, como diría Steiner, en silencio, o que son inexpresables (Wittgenstein), ya que en la movilidad del lenguaje hay algo que se desplaza y queda intraducible.

                  La lengua conlleva implicaciones sociales, históricas, culturales, así como asociaciones y experiencias locales. Por lo cual, aún hay artistas que frente a la diversidad cultural, y en un intento por acercar su obra al espectador de otras geografías, realizan sus propuestas textuales en el idioma del país en el que exhiben su trabajo, como el caso de Lawrence Weiner, que presentó frases escritas en español en la exposición en El Palacio de Cristal, en Madrid (2001), y en la que se llevó a cabo en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México (2004). También hay otros artistas que en ocasiones prefieren seguir empleando su lengua materna como el caso de Aldo Chaparro, de origen peruano. Lo que es cierto, es que el artista que busca mayor visibilidad en el mercado internacional se ve casi forzado a emplear otro idioma, reemplazar y desplazar al propio.

El constante uso del signo lingüístico en las prácticas contemporáneas nos permite observar la transformación y movilidad que el lenguaje tiene no sólo en la vida cotidiana, sino en el propio círculo artístico, en donde se trabaja frecuentemente con la palabra escrita para cuestionar y problematizar su uso, sus significados, sus modos de comunicar, sus traslados culturales y traducción a otros idiomas, su recepción, lectura y relectura. Asimismo, a partir de estas piezas textuales se reflexiona sobre el obstáculo que representa la homogeneización lingüística, y sobre las maneras de comunicación en las diferentes latitudes. Aunque la movilidad del lenguaje pueda conllevar ciertos límites, estas prácticas contemporáneas procuran generar diálogos interculturales, en donde a través del lenguaje se permita observar desde la mirada de la otredad.

 

Eloísa Hernández Viramontes es Maestra en Historia del arte del siglo XX. Actualmente trabaja en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 


[1] George Steiner, Lenguaje y silencio, ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Sevilla, Gedisa, 2006, p. 31.

[2]Walter Benjamin, La tarea del traductor, 1923, p. 131, consultado en línea.

[3] Fernando Zamora Águila, Filosofía de la imagen: lenguaje, imagen y representación, México, Espiral/ENAP, 2007, p. 49.

[4] Benjamin, Op. cit., p. 138.

[5] Ludwig Wittgenstein, “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, en Tractatus logico-philosophicus, Madrid, Alianza, 2007, p. 111, proposición 5.6.

[6] Edwar Sapir, El lenguaje, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, 11ª reimpresión, p. 221.

[7] Noam Chomsky, Nuestro conocimiento del lenguaje humano: perspectivas actuales, Germán F. Westphal, trad. Conferencia en la Universidad de Concepción, Chile, noviembre de 1996, consultado en línea.

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